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“Coronas y collares de flores”. Una mirada antropológica

La fiesta es uno de los tantos elementos constitutivos en el ideario conceptual y estructural de la sociedad mexicana, es decir, la vida del mexicano es impensable sin las reuniones familiares, de amigos, de vecinos, de compañeros de trabajo y con la comunidad entera en la que se desarrolla, se desvuelve y se mueve.

Es ahí donde se comparte la comida, se canta, se baila, se convive, se expresan emociones como la alegría y hasta la tristeza, llegando a confluir en la solidaridad.

Detenerse y descubrir esta realidad en la idiosincrasia mexicana, en nuestra propia manera de vivir y de ser, darse cuenta de tales estructuras conceptuales que son parte fundamental que nos dice y nos enseña cómo percibimos el mundo, es conocer que puedo aportar, construir, apoyar y ofrecer en la vida de los demás.

Por su puesto que no es errado la manera de expresar elementos esenciales en la cultura del ser humano ante la manera de entender la trascendencia y su paso por este mundo físico.

«La cultura es la paideia griega o la humanitas latina, es decir el cultivo del alma, el desarrollo de la persona según todas las exigencias de su naturaleza espiritual. Se puede distinguir, en este sentido, la cultura de la civilidad (conjuntos de obras humanas externas a la persona), de la naturaleza, y también, de la sociedad (grupo de personas que interactúan según protocolos compartidos).»[i]

La cultura, resuelta por tanto la raíz fundamental de la vida del hombre, pues sin ella estaría perdido. «El hombre no puede vivir su vida sin expresarla»[ii]. No encontraría sentido de ser y estar en el mundo.

«La cultura es la legitimación […] de la etnia.»[iii]

Si bien tenemos que escribir sobre un elemento fundamental e importante en la vida de los indígenas de la huasteca hidalguense, pues al poner una mirada en la cultura originaria podemos apreciar fácilmente la riqueza cultural e histórica con la que cuentan.

Es cierto que existen muchos elementos constitutivos del ser humano y que su cultura se los ha dado, pero vale la pena poder hacer un alto y poder hacer un estudio, debido al tiempo y a las circunstancias actuales, es ahí donde se va perdiendo el significado de ciertos elementos culturales y de identidad: una vida de desafíos, de desubicar al hombre y de hoy en día carecer de fundamentos.

Por tanto resulta interesante e importante hacer un alto y observar los elementos que hacen y dan sentido a nuestros pueblos originarios, entre los tantos elementos debemos mencionar especialmente uno que aparece en las fiestas, pues la disfrutan tanto que quien participa de ellas, se siente cobijado de estar en una gran familia.

En esos momentos especiales de fiesta el huasteco hidalguense realiza con mucha dedicación, esmero y trabajo, dos elementos fundamentales en su vida social y de convivencia: Una corona y collares.

Así es coronas grandes, coloridas, bellas, totalmente hechas de flores y no se diga los collares, no se quedan atrás, el ingenio, el cariño, la creatividad y el trabajo se resumen en su manufactura.

Coronas y collares que son utilizados en el rito de enfloramiento como suele llamársele en la zona huasteca de Hidalgo.

«La Huasteca es una extensa área de siglos de antigüedad, su historia y su desarrollo, al igual que sus límites geográficos, difieren en cada periodo histórico. Aunque, de un modo muy general, se puede decir que es un área de tierras cálidas y bajas que ocupa el extremo norte de la franja costera tropical y húmeda que bordea el Golfo de México; señala su límite occidente con la vertiente de la Sierra Madre Oriental, que está alejada del mar de Pánuco y de Ciudad Valles, pero hacia el sur se acerca cada vez más hasta el curso inferior del río Cazones; al norte por el gran anticlinar de la sierra de Tamaulipas.»[iv]         

Es una peculiaridad muy propia de la huasteca hidalguense el rito de enfloramiento, consiste en poder decirle a la persona que es especial y es muy querida por la comunidad, que lo reciben con júbilo y cariño, que se sienten felices de que esté esa persona entre ellos.

El ritual de enfloramiento es una ceremonia tradicional ancestral, consiste en adornar a la persona o visitante con coronas y collares de flores. Es decir, la comunidad sencillamente obsequia flores y da lo mejor de sí. Es un gesto cultural y cultual profundo que simboliza respeto, amor, amistad, gratitud, reflejando la calidez y la riqueza del pueblo huasteco.

En este acto suelen involucrarse muchos elementos como: sones (música tradicional), aromas (incienso), cohetes, flores y colores. Este acto es pues la bienvenida y la bendición del pueblo hacia la persona querida, fortaleciendo así los lazos comunitarios y una manera de mantener y celebrar sus arraigadas tradiciones.

Y por qué es un rito o por qué lo llama así, fácil de responder, no olvidemos el significado de este término:

«Un rito (a veces llamado ritual) es una ceremonia que se realiza de manera rígida y reiterada, es decir, siempre de la misma manera aunque en años o períodos  de tiempo distintos, y que tiene fines conmemorativos, religiosos, simbólicos o sociopolíticos. Generalmente, los ritos se inscriben (y son dictados por) una iglesia o tradición religiosa especifica.»[v]

El rito de enfloramiento, es por tanto, un acto sagrado que ensalza, honra, alaba y carga de dignidad a la persona humana, sabiendo que es imagen y semejanza de Dios; el espíritu se eleva a lo sublime, ahí donde mora Dios y puede participar de su bendición.

Quien observa este rito y más aún quien tiene la oportunidad de vivenciarlo, se maravilla, se admira y se enamora de tan noble, grato y hermoso rito, es hermoso poder ver que alguien te regale una corona y unos collares de flores, porque además de bendecirte, de quererte, te ha recibido en su comunidad con los brazos abiertos.

Surgen aquí por consiguiente ciertas preguntas: ¿Qué significa la corona y collares de flores? y ¿Por qué los hacen los huastecos?, pues bien, para poder responder dichas interrogantes, se tiene que vivir y observar este rito de la huasteca hidalguense, solo así podremos respondernos las dudas que nacen.  

Porque si te acercas a los huastecos puedes incluso no responder tus dudas, pues al preguntar qué es eso, ellos te dirán: -Es el rito de enfloramiento; podrías volver a preguntar: -¿Qué significa esa corona y ese collar de flores?, te responderán: -Es una corona y es un collar que queremos regalar con mucho cariño.

A pesar de que es un rito antiquísimo y arraigado en estas tierras, aunque sigue vivo, de que lo siguen realizando, ha ido perdiendo poco a poco el sentido de significado estos elementos importantes de la idiosincrasia indígena, motivo de fiesta y de alegría, por eso celebra, festeja y vive.  

Al hacer este alto y este estudio, estamos respondiendo a una mirada antropológica de este fenómeno cultual y cultural del pueblo huasteco.    

La corona y los collares, están cargados de profundo, fuerte y lógico sentido humano, no solo es hacerlos por hacerlos, no solo es cortar ramas, flores, hojas, no solo es cansarse y cumplir con un requisito que quizás la comunidad pidió, para esperar, visitar o festejar a alguien.

Sino que la misma manufactura nos va enseñando, el sentido de pertenencia, de identidad, de familiaridad, de ser el uno para el otro, es pedir lo bueno y la bendición para el otro y para sí.

Es donde se hermanan los lazos, la unidad, la convivencia, donde se gesta el sentido de ver por el bien común, de cuidarnos, de sentir compasión y querer caminar juntos, sin que ninguno se vaya quedando atrás.

Signos de armonía, de paz y de amor, signos de un pueblo que tiende a expresar su identidad que quiere expresarla en hechos concretos de un pueblo que camina en el tiempo, en el aquí y en el ahora.

El indígena hidalguense es una persona profundamente religiosa, que tiende a buscar al Ser Supremo, es una persona que tiene la vida y el corazón dispuesto para encontrarse con la trascendencia.

Y ¿Por qué una corona y un collar existen en la sociedad huasteca?, fácil de responder, pues una vez vivenciando este rito y haciendo una fenomenología, podremos responder estas interrogantes y revivir los fundamentos de esta arraigada tradición.

La teología nos enseña que Dios es representado por un círculo y ¿Por qué un circulo? porque Dios no tiene ni principio, ni fin.

Esto es por consiguiente que la corona que representa a Dios, nos viene a decir, que la corona que ha caído en las cienes de la persona, es el pensamiento que ha sido iluminado por la bendición de Dios, ahí donde se gestan los pensamientos, para que su pensar y su obrar sean buenos, y se salvaguarde la bondad con la que fue hecha la creación, «Dios vio que todo cuanto había hecho era bueno.»[vi]   

Los collares que también comparten la forma circular, son colgados en el cuello de la persona, para que pendan y caigan sobre el corazón, ese corazón donde germina la vida, y las entrañas, lugar donde se almacenan las emociones y los sentimientos.

Así toda la persona esta iluminada por el supremo bien y se espera que su vida y su obrar sea bueno, que haga uso del bien al que esta llamado.

Y ¿Por qué son echas las coronas y los collares con flores?, porque la flor siempre ha utilizado un lugar importante en la cosmovisión indígena, la flor es delicada, es bella, es suave, su aroma fresco, es agradable al verla. La flor tiene una connotación importante en la cultura de todos los tiempos.

No olvidemos que en el pensamiento náhuatl la flor (Xochitll) simboliza la belleza, la fragancia, pero tiene un sentido profundo de poesía y arte, como lo expresa el difrasismo[vii]: in xochitl in cuicatl (flor y canto).

Este difrasismo está ligado a la dualidad que hace alusión a conceptos como la vida y la muerte, representa la búsqueda de lo verdadero en la tierra, a través de la creación artística y la contemplación filosófica.     

Entonces con el uso de estas grandes insignias de la comunidad huasteca, las coronas y los collares, la persona participa de la bendición y la bondad de Dios.

Todo esto nos quiere decir, como lo mencionamos antes, el ser humano quiere participar de la trascendencia y de sentir la cercanía y el cobijo de Dios, sentirse bendecido por él. El ser humano lo busca y Dios permanece fiel a su creación.

Compromiso fuerte para quien vive y participa del rito de enfloramiento ¿No crees?

La vida se expresa, no se puede encerrar el ser humano y vivir aislado, es por eso que la cultura se manifiesta, pues la vida se expresa en hechos y realidades que hacen ser y dan sentido al hombre.  

Date pues, la oportunidad de vivir con mayor intensidad y profundo amor tus raíces e identidad, regala una corona y un collar de flores, esperemos de igual manera que un día te regalen también lo mismo, para que nos sintamos asistidos e iluminados por Dios, nos sintamos comprometidos de vivir en el amor y nos esforcemos en salvaguardar el bien con que fuimos creados.   

Referencias


[i] BABOLIN, SANTE, Cultura e inculturación, Universidad Pontificia de México A. C., México 2000, Pág. 3.   

Paideia: palabra griega que significa educación, formación o crianza.

Humanitas: palabra latina que significa humanidad o cualidad de ser humano (se refiere a la formación integral del individuo a través de la cultura, la educación y los valores).

[ii] CASSIRER ERNST, An Essay on Man. An introduction to a philosophy of human culture, Yale University Press, New Haven & London 1944; tr. Es. Antropología filosófica. Introducción a una filosofía de la cultura, Fondo de Cultura Economica, México, Cassirer 1944; 1967, Pag. 328.  

[iii] Ibíd., Pág. 4.

[iv] PAULÍN TREJO, KARINA, Huejutla de Reyes y su Archivo Parroquial, Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibliotecas de México, A. C., México 2010, Pág. 11.  

[v] https://concepto.de/rito/, página web consultada el día 29 de agosto de 2025, a las 12:19 pm.  

[vi] Cf. Gn 1,31.

[vii] Difrasismo: Es una figura retórica consistente en expresar una idea compleja mediante dos términos que se complementan. Es usada usualmente en el náhuatl, refleja una visión dualista del mundo, donde la combinación de dos conceptos forman un todo (un ejemplo claro es este difrasismo: in ixtli in yolototl – rostro y corazón, para referirse a la persona).

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