Tenango, de origen prehispánico, proviene del náhuatl tenamitl, muralla, y co, lugar. El lugar prehispánico, Teotenango, su Zona Arqueológica, lleva el prefijo Teotl, que ha sido traducido como divinidad, sagrado, grande. Para algunos se traduce como “En el lugar de la muralla divina, en la muralla sagrada o en la gran muralla”.
Fiestas religiosas
Las fiestas religiosas son esenciales en la integración social de las comunidades. Ellas dan cuenta de su concepción y relación con la divinidad, la forma de organización comunitaria y, no en pocos casos, con las cuestiones sociopolíticas. En Tenango del Valle cada pueblo se pone de manteles largos conforme al nombre de su localidad, correspondiente al Santo o Virgen, del calendario religioso católico.
Cabecera, Tenango de Arista
En el caso de Tenango de Arista, cabecera municipal, son dos fiestas patronales grandes: la del 15 de enero correspondiente a la imagen de Jesucristo en la advocación de “Nuestro Padre Jesús” y la del 15 de agosto, dedicada a la virgen María, en la advocación a la “Asunción de María”.
Nuestro Padre Jesús
La imagen de Jesucristo ha sido venerada bajo los nombres de “El Cristo de las Cañitas”, “El Señor del Huerto” (Joquicingo), “Padre Jesús” (San Bartolomé Atlatlahuca, Tenango del Valle) y “Nuestro Padre Jesús”.
Información que ha sido compartida por los mayordomos y se encuentra referida en el archivo del Templo de El Calvario.
Es de resaltar la celebración no litúrgica del lunes posterior al 15 de enero:
Primero, Las Penitencias. Cuando desde las 7 de la mañana los feligreses se dan cita en la capilla de San Salvador, casi en lo alto del Tetépetl, quienes se han dispuesto a pagar una manda, “Las Penitencias”. Es una manda que se borra en la memoria de las generaciones porque nadie sabe desde cuándo se realiza, es una acción que está más allá de la liturgia católica pese a que inicia en un lugar sacro y llega a otro más sacralizado.
En ella los creyentes van a pagar un favor recibido por “Padre Chuchito”, otros van a pedir que les favorezca con el don de la curación de enfermedad, unos más a prometer que dejarán el vicio o se portarán mejor y, muchos, a pedir perdón por sus pecados.
Los penitentes eligen padrino(s) quienes los acompañarán comprándoles su corona de espinas y una prenda para cubrir sus ojos, las que son presentadas ante la imagen de Cristo crucificado y a quien besan en la rodilla en señal de rendición; en seguida, el penitente se coloca de rodillas –éstas descubiertas, porque si no no vale– para que su padrino le vende los ojos y le coloque la corona de espinas.
Empieza su penitencia al andar con las rodillas descubiertas bajando los escalones de piedra que dan acceso a la capilla y continuar por el callejón, cuesta abajo, por casi 400 metros cubiertos de cemento o cantera, en algunos tramos recién barrido en otros con tierra y diminutas piedras que se entierran en la piel sufriente; con el sustento de los brazos del padrino y el aliento de ánimo que de ellos reciben son guiados hasta llegar al Parque Humboldt más conocido por la población como los Manantiales de San Pedrito, donde ha mejorado la condición del piso, es plano y anuncia el tramo final para concluir; se ha llegado a la calle Porfirio Díaz y el alivio es mayor para quien busca la redención, es la recta final, los últimos metros planos, la conclusión del sufrimiento.
Al empezar a subir los escalones hacia el templo de El Calvario, el calvario del penitente ha concluido, su manda está casi hecha. Entrar al templo significa la redención de sus pecados, el cumplimiento de su manda. Llegar a los pies del Patrón es haber cumplido con su promesa, es la esperanza de ver cumplida su petición, es saberse redimido de sus pecados.
La fila es interminable como las súplicas y los perdones por los que se realiza la penitencia.
El padrino retira el vendaje y la corona al penitente, los coloca a un costado de la imagen de Nuestro Padre Jesús. Padrino y ahijado unen pensamiento y elevan rezo como agradecimiento. Lágrimas casi secas surcan mejillas, frágiles movimientos labiales acompañan inaudibles susurros dirigidos al crucificado. La penitencia consumada es.
Segundo aspecto, cuando se quema el “Castillo de juguetes” al concluir la misa, entre las 13 y 14 horas. Es un castillo de pirotecnia que es donado por la familia Mendoza, del barrio de los atoleros; tienen una tradición que va por la cuarta generación. Ellos pagan la pirotecnia y le agregan juguetes y enseres domésticos que van cayendo conforme se quema el castillo.
Lo volvieron una tradición esperada por todos porque agregaron regalos sorpresa. Entre ellos, fue renombrado y por años ovacionado, el castillo que tenía cajas bellamente adornadas y los asistentes esperaban que los regalos no sólo fueran un juguete o un utensilio de cocina, su adorno prometía más. Después del estruendoso ruido de una nueva sección del castillo, la central, donde estaban las cajas bonitas, todos se arremolinaron bajo ellas; se abrieron los regalos, los empujones y manos levantadas eran como una ola, todas quería atrapar un regalo verde y en movimiento.
La marea humana hizo un silencio sorpresivo y los que miraban se quedaron atónitos; los gritos de alegría se convirtieron en gritos de horror, los empujones dieron paso a una estampida, ¡estaban cayendo iguanas en lugar de juguetes! Al acto de terror y del sálvese quien pueda le siguió la gritería que celebró entre risas y mentadas, susto y alegría, carcajadas a más no poder de los mirones.