
En el corazón de la huasteca hidalguense, existe un lugar donde la historia,
no se lee, se respira, así es Coacuilco, tierra extensa en territorio, no es municipio,
pero si es delegación, una de muchas tantas que tiene Huejutla de Reyes, tierra
inmensa en identidad, aquí los cerros abrazan al pueblo, como guardianes antiguos,
ese cerro de Lontla, lo corona y lo custodia, como fiel testigo de su historia.
Las mañanas de este pueblo lo despiertan entre lo fresco, para levantarse el
sol día a día, ese sol que calentara fuertemente a cada huasteco, con sus cantos
de aves y su lengua náhuatl sigue vivo, en la voz de su gente.
Coacuilco no presume ser ciudad, pero si presume sus raíces, no corre con
prisas, camina despacio con memoria, fundado sobre lo plano y lo sinuoso, forjado
con trabajo y tradición, esta tierra nació hace muchos años ya, pero su historia es
más vieja que cualquier fecha, historia que vive en sus fiestas, en su comida, en sus
tradiciones, en sus costumbres, en sus calles sin iguales, en fin, la mirada firme de
quienes lo habitan.
Coacuilco es lluvia que refresca la tierra de la región, es calor humano, es
huasteca pura; lugar donde el pasado y el presente se dan la mano, donde cada día
sin hacer ruido, se continúa escribiendo historia de un pueblo legendario.

Coacuilco, “Culebra pinta sobre la piedra”, lugar que los antiguos vieron y se
cautivaron de esta tierra, para fundar un gran pueblo que sigue creciendo en su
memoria, con hombres y mujeres que cada mañana, salen en lucha de ver
cristalizados sus sueños y anhelos, con la alegría de ver un mejor pueblo y una
mejor sociedad, ese es mi Coacuilco hermoso.

Precisamente al recorrer las calles del hermoso pueblo de Coacuilco nos encontramos con una leyenda que se iba contando en la tradición oral y que rescato el Profesor David Hernández López, nos la ha compartido y a continuación la escribimos:
«Orizatlán, este pueblo, ¿Saben por qué se llama así?, ¿Qué significa?, ¿En qué idioma se escribe o nombra?
Bueno, si no saben los invito a que le pregunten a los mayores, a sus abuelos, para que les cuenten esa historia. Y si saben, entonces cuéntensela a los demás, a mí, a otros, dibújenla, lo que importa es que no se pierda o se olvide.
Yo vengo de Coacuilco y les voy a contar una leyenda que cuentan los mayores acerca del nombre de nuestro pueblo.
Dicen que hace muchos años, muchos años, cuando aún no había carretera, más antes, cuando las aguas del arroyo y el río eran limpias y había peces, más antes, no se sabe cuándo, los primeros hombres y mujeres empezaron a vivir en ese lugar. Les gustó porque había mucha agua y la tierra era buena para sembrar.
Entonces el pueblo no tenía nombre y… ¿Te imaginas un pueblo sin nombre?
Solamente se llamaba pueblo o lugar.
Sucedió que en una ocasión unos pobladores encontraron por casualidad un cube. Así les llamaban a los montones de piedra que hicieron nuestros antepasados. Dentro del cube había una estela. No, no era una persona, estela le llaman a una piedra plana, a una laja.
Pues bien, cuando la encontraron se sorprendieron porque sobre la estela estaba dibujada una culebra pinta de colores.
Después de la sorpresa que les causó el hallazgo, decidieron llevarla al pueblo a la casa de las autoridades.
De esta manera se convirtió en el símbolo del pueblo y ahora hasta hay un escudo como el que aquí he narrado [se encuentra en la plaza principal del pueblo].
Las autoridades eran: el gobernador, el segundo gobernador y los topilis. Tenían la obligación de servir al pueblo y cuidar la estela que tenía dibujada una culebra pinta.
Cuando se cambiaban las autoridades entregaban a las que entraban una vara con listones al gobernador y segundo gobernador y otras sin listones para los topilis. También le hacían entrega de un morral con algunos presentes. Y por supuesto que también la estela para que la cuidaran. Todo esto lo celebraban con cohetes y comida.
Así paso el tiempo, los gobernadores se siguieron cambiando. Cada año hubo nuevas autoridades. Y en ese cambio constante la estela con el símbolo de Coacuilco se perdió. Nadie sabe dónde quedó. Unos dicen que en las guerras que hubo desapareció.
¿Se la robaron?, ¿Se la llevaron los enemigos?, ¿La vendieron?, Uno de los abuelos dice que la enterraron en la iglesia.
Todo es un misterio. Nadie, ni los más viejos pueden decir con certeza que pasó. Lo que si es cierto es que ahora el nombre de Coacuilco se deriva de las palabras en náhuatl “coa” que quiere decir culebra, “cuili” que significa pinto y “tetl” que equivale a piedra.
Por eso antes se llamaba Cuicuiltetl y actualmente Coacuilco.
Esto que les cuento se conserva como leyenda entre los pobladores.
Ahora que se las he contado, voy a guardar estas palabras, para que así otros, nuestros hijos, los que vengan después de nosotros, la puedan contar y no se desaparezca la leyenda como desapareció la estela que tenía dibujada una culebra pinta de colores y que le dio el nombre a mi pueblo que es Coacuilco.»[1]

Monumento de la culebra pinta sobre la piedra: Coacuilco
En el centro histórico de Coacuilco, ahí donde se encuentra una hermosa plaza cívica, con sus jardineras de piedra y sus altas palmeras, queriendo el cielo tocar, rematando en el centro por un kiosco, que ha visto el devenir de estas tierras, cerca de él se encuentra un monumento que nos recuerda el nombre del pueblo.
Este monumento en honor del nombre del pueblo de Coacuilco fue idea del Señor Cristóbal González, siendo delegado en el año 2012.



[1] Profesor David Hernández López: originario de San Felipe Orizatlán, actualmente es el Director de la Escuela Primaria “Francisco I. Madero” y es el escritor de esta hermosa leyenda sobre el nombre de Coacuilco.