Crónicas

Juárez y Vidaurri, un desencuentro

Benito Juárez y Santiago Vidaurri son dos personajes quienes compartieron una época en la historia de México donde las decisiones que cada uno de ellos tomó influyeron en las disposiciones del otro y como consecuencia, transformaron el devenir histórico nacional.

Ambos son políticos con presencia nacional, invariablemente Benito Juárez con dimensiones superiores al político y militar norestense nacido en Lampazos, Nuevo León, sin embargo, durante los años de 1859 a 1867 la vida de ambos queda entrecruzada a tal grado que termina definiendo ese desencuentro: la muerte de Santiago Vidaurri.

Vidaurri fue gobernador, cacique y caudillo de Nuevo León entre mayo de 1855 y febrero de 1864, esta última fecha, el momento en que huye de la entidad para refugiarse en EUA derivado de la orden que pesaba sobre su cabeza por parte del presidente Benito Juárez luego del desencuentro que tuvieron y sumarse en ese mismo año al imperio de Maximiliano I.

El nuevoleonés fue un personaje hábil siempre estuvo cercano a los ganadores en las decisiones políticas, así fue hasta el error de 1864 cuando al pensar derrotado al presidente en exilio, decide desconocer su investidura al punto de combatirlo, con la fortuna que Manuel Doblado, Guillermo Prieto y otros, habían tomado las previsiones gracias a lo cual el mandatario federal evita la aprehensión o muerte y escapa hacia Saltillo.

Es importante establecer el contexto político que vivía el país. Desde la independencia en 1821, los grupos con influencia política se dividieron en tres principales fracciones: los monarquistas absolutistas, los monarquistas republicanos o constitucionalistas y los republicanos o demócratas.

Cada grupo con una visión diferente sobre la manera de organizar las instituciones políticas y la forma de gobierno en la incipiente nación; los absolutistas de influencia europea pugnando por una monarquía tradicional, unipersonal en donde el monarca fuese el poder político único, lo mismo fungía como poder ejecutivo, legislativo o judicial.

Los otros dos grupos concebían una organización de gobierno basada en leyes, ya fuera una monarquía moderada cuyo rey o emperador se sujetase a las leyes, así como con división de poderes; por su parte los denominados republicanos o demócratas concebían una república con división de poderes y un presidente electo. En esa etapa conocida como la instauración de las leyes de reforma, “participan al menos cuatro grandes pensamientos políticos. Por un lado, los liberales republicanos demócratas, en otro, los liberales republicanos monarquistas, junto a ellos, los monarquistas absolutistas y entre ambos bandos…, el grupo de los pragmáticos”. (Tamez, 2022)

Como se puede observar los monarquistas republicanos o también conocidos como moderados coincidían con los absolutistas en la figura de un monarca en el poder ejecutivo, pero regulado su gobierno por leyes dictadas desde el poder legislativo independiente. En cuanto a la separación de poderes tenían coincidencia con los republicanos liberales quienes pretendían como forma de gobierno una república liberal federada en cuya organización hubiera separación de poderes, y la elección de mandatarios basados en una Constitución liberal como ley suprema.

Cobra relevancia la explicación previa, relativa a los grupos de poder que cohabitaron en el siglo XIX porque ofrece claridad sobre los momentos vividos por algunos personajes durante los diferentes pasajes de la historia, éste es el caso de Vidaurri quien pasa de apoyar a los liberales a formar parte del imperio de Maximiliano de Habsburgo, siempre a partir de creer estaba en el lado correcto de la ecuación para no ver afectados sus intereses políticos, económicos y su cacicazgo férreo en el noreste mexicano.

Es el caso que en 1856 se apodera del estado de Coahuila y logra inscribir en la Constitución de 1857 la fusión para formar el estado Nuevo León y Coahuila como una entidad única; esto dimensiona su poder regional y el respeto que gozaba entre los grupos en el centro del país.

Es oportuno señalar que la política nacional quedó dividida en una forma pragmática entre liberales y conservadores, siendo los liberales quienes integraban el partido de los republicanos aquellos quienes ponderaban las instituciones de gobierno en libertades como la de pensamiento, imprenta, organización política y religiosa, fundamentalmente. Quedando como conservadores los promotores de la monarquía en sus dos formas; entre ellos unos más puristas cuyo radicalismo explica la literatura histórica donde se subdividen los liberales y conservadores en moderados y radicales.

Este proceso ideologizado de la política nacional, no necesariamente se veía del mismo modo en el lejano noreste mexicano donde aún se padecían embates de los nativos, se luchaba con la naturaleza y se cohabitaba en cercanía con Texas y su creciente pensamiento norteamericano proesclavista.

Eran dos realidades político-socioeconómicas poco semejantes entre sí; una la del centro del país y algunas entidades inmersas en la ideologización de la política nacional y la otra la existente en las entidades del noreste mexicano en cuya situación geográfica y la cercanía con EUA a través de Texas, favorecían una cultura e ideología propias, la del pragmatismo, la de supervivencia ante la rudeza de la geografía en donde se debía arrancar a la naturaleza lo necesario para subsistir, combinada esta circunstancia con el crecimiento y desarrollo texano, por tanto, no se puede afirmar que el gobernador Vidaurri fuera liberal o conservador, era un personaje con visión local, regionalista, quien operaba en base al pragmatismo utilitario necesario para subsistir en la tierra nuevoleonesa.

Si el gobernador cambió de aliados es porque tenía intereses distintos a los que imperaban entre liberales o conservadores, pues para efectos prácticos, con quien gobernara, seguiría teniendo los mismos problemas y vecindades lo cual le obligaba a establecer su propia agenda política por sobre las ideologías de la época.

Por su parte, Benito Juárez arriba a la presidencia de México en enero de 1858 en medio de la convulsión provocada al implementar la Constitución de 1857, condición de efervescencia que se radicalizará con la elaboración de las grandes reformas constitucionales empujadas por su gobierno y que terminarán por llevar de nuevo a las armas a los grupos políticos que no pudieron dirimir sus diferencias por la vía de los consensos.

México partido por las ideologías organizadas en las logias masónicas y las potencias del mundo en un proceso de expansión, veían en el territorio nacional un botín con el cual obtener dos beneficios: tener una colonia rica en minerales, productos comerciables y tierras fértiles que enriqueciera a quien se quedara con ella ante la inestabilidad interna; dos, contener a EUA y su expansionismo surgido desde la doctrina Monroe y su sincretismo “América para los americanos”.

Por Europa Napoleón III rivalizaba con el fantasma de las glorias del tío Napoleón Bonaparte, entre otros, este factor le lleva a pretender conquistar territorios en América, su primer objetivo fue en Sudamérica y cuando estalla la guerra de secesión en EUA, encuentra el terreno fértil para invadir a México quien brindó la excusa perfecta al declarar el 17 de julio de 1861 la suspensión de pagos a la deuda externa. Se forma lo que podríamos llamar la tormenta perfecta para nuestra nación.

México arriba al año de 1861 en la culminación de tres largos años por las guerras originadas en las reformas constitucionales emprendidas por el presidente Juárez y con cuyos contenidos veían afectados sus intereses la clase política tradicional y la iglesia; una revolución intestina que mantenía en la quiebra al gobierno y en franca ruptura a los grupos de poder. 

EUA entra en la revolución provocada por los sureños contra las políticas liberales de Abraham Lincoln. El conflicto entre sureños y norteños inicia en abril de 1861 motivada por la negativa de los sureños hacendados a liberar esclavos, entre otras causas. La guerra norteamericana impide que el gobierno de Juárez reciba apoyos del vecino del norte y deja la puerta abierta para que las ambiciones europeas se abalancen sobre el país.

Al decretar la suspensión de pagos, Inglaterra, España y Francia tuvieron la excusa perfecta para emplazar al gobierno, envían sus buques a las costas mexicanas, sin embargo, Inglaterra y España se repliegan y negocian, Francia ve su oportunidad para contener el expansionismo norteamericano, qué mejor sitio para hacerlo que en el país vecino del sur norteamericano.

Todo está dado para otra crisis en México, los conservadores consiguen en Francia el aliado apropiado para instaurar la monarquía y cuál mejor apoyo que el conseguido con Napoleón III.

En este contexto de geopolítica internacional, el noreste mexicano y en particular su líder y gobernador, tienen su particular importancia. Ahora Texas cuenta con intereses económicos mayores respecto a sus vecinos del sur por la necesidad de comerciar, entre otros productos el algodón y armas. Vidaurri se enriquecía con el dinero de las aduanas y el comercio clandestino confederado, sin negar cuánto esa riqueza también beneficiaba a Nuevo León, no tenía porque compartir el ideario de libertades donde coincidían el estadista oaxaqueño y Lincoln; en todo caso la empatía de Vidaurri era con los secesionistas, sus aliados, sus pares, sus vecinos, socios y amigos desde siempre. Los mismos que compartían problemas como los ataques de indios y las condiciones geográficas. ¿Por qué habría de identificarse con la causa del norte de EUA?, ¿Por qué simpatizar con las ideas de Juárez si en este momento los sureños representaban un gran aliado comercial y hasta protección?

Es evidente que los intereses político-internacionales de Juárez y Vidaurri entraban en confrontación, por otro lado, el presidente estaba en el exilio, sufriendo las penurias por los embates conservadores y dependiendo en mucho de los apoyos que en su momento brindó Vidaurri con la formación del ejército del norte, principal soporte del gobierno liberal frente a los conservadores.

Sin embargo, para 1863, el nuevoleonés no estaba dispuesto a compartir lo recaudado en las aduanas. Fue contundente al negarle a al ministro de hacienda, José Ma. Iglesias los recursos establecidos como federales de las aduanas en Coahuila, la respuesta fue que “dar cumplimiento a tal orden [de enviar recursos de las aduanas al gobierno federal] significaría la ruina de su Estado” (Scholes, 1972, pág. 142).

Fue tal la negativa al grado de instruir al responsable de la aduana en Piedras Negras, negara rotundamente los recursos, así respondiendo a Iglesias que “Vidaurri le había dado instrucciones específicas en repetidas ocasiones de no obedecer nunca órdenes respecto a fondos, que procedieran del gobierno federal”. (Idem).

Al hacer las comparaciones entre los momentos en cuyas circunstancias se encontraban ambos líderes, tenemos a Juárez sin recursos, con más ideología que operación política, sumado al proyecto de Lincoln, perseguido y traicionado por su equipo. En contraste Vidaurri tenía un gobierno rico y enriqueciéndose, pragmático y utilitario, formado a convicción de la vida ruda del noreste donde se requieren respuestas prácticas por sobre la ideología, acostumbrado a la guerra contra los indios, fortalecido y en su territorio. Con esta resumida comparación es fácil entender cuan empoderado se sentía Vidaurri frente al alicaído Juárez.

No se interprete como justificación, la comparación de las circunstancias que vivían cada uno de los personajes permite comprender los contextos donde se dan los hechos.

LAS CARTAS DE LA INDIFERENCIA

Durante 1863, el año más difícil para el gobierno federal, Juárez y Vidaurri intercambiaron como era costumbre, frecuente correspondencia, el protocolo nunca se rompió a pesar que el contenido reflejaba, por el lado del presidente, desesperación, angustia; por parte del gobernador, indiferencia, frivolidad, desprecio ante la angustia de quienes demandaban con urgencia el apoyo y sólo recibieron negativas, evasiones, respuestas un tanto pueriles, excusas de quien no tenía el menor interés por contribuir a la causa del gobierno liberal constitucional del país.

Juárez contaba con Vidaurri y su apoyo, en el pasado el nuevoleonés había organizado, patrocinado y auspiciado el denominado ejército del norte integrado en diversos momentos por grandes personajes que vistieron de luces las armas nacionales, entre ellos: Ignacio Zaragoza, Mariano Escobedo, Juan Zuazua, Francisco Naranjo, Gerónimo Treviño, José Silvestre Aramberri y otros más.

Al final del tiempo, algunos retornan a la lealtad al gobernador pero otros, fieles a la patria, se mantienen incólumes ante el llamado a abandonar al ejército liberal en los momentos más convulsos de la nación frente a las embestidas de los ejércitos conservadores promonarquistas y poco después a la presencia del ejército conquistador francés.

Entre las diferentes correspondencias que presentamos en este estudio, se deja ver el desprecio de Vidaurri por la causa liberal, no porque fuera proconseravador o traidor como se le ha perfilado en la historiografía nacional, sino porque ante todo, el nacido en Lampazos, Nuevo León, anteponía sus intereses y los de la región, en una palabra, sus reacciones responden más a un pragmatismo utilitario que a un ideario o pensamiento político definido.

El 5 de septiembre de 1859 luego de brindar apoyo a los ejércitos liberales para la defensa de las reformas constitucionales en proceso de promulgación, emite un decreto en el cual instruye a los oficiales y tropas del ejército del norte para regresar a Nuevo León:

Santiago Vidaurri, gobernador constitucional del estado libre y soberano de Nuevo León y Coahuila, a todos sus habitantes hago saber:

Considerando…

Art. 1° El Estado de Nuevo León y Coahuila, que ha hecho más de lo que debía, atendida su escasa población y pobreza de medios, llama a las tropas todas que tiene actualmente en campaña contra la reacción.

Art. 2° Por consiguiente, desde el momento en qe este decreto llegue a conocimiento de los jefes que mandan los tres cuerpos de rifleros y la batería de que se compone el ejército del Norte, emprenderán con éstos su marcha hacia esta capital [Monterrey]…

Art. 3 Si lo que no es de esperarse algún jefe u oficial faltando a su deber, resistiere el cumplimiento de este decreto, serán responsables al estado de las consecuencias…

Santiago Vidaurri

Jesús Garza González

Secretario

(Martínez Sánchez, 2012, pág. 639)

Ante tal decreto la respuesta fue inmediata por parte del general Miguel Blanco en su calidad de comandante de la división del norte dada la ausencia de Juan Zuazua e Ignacio Zaragoza:

Don Santiago Vidaurri, rompiendo todos sus títulos de legalidad, acaba de expedir un decreto como gobernador el Estado de Nuevo León [y Coahuila] en que apurándose todas las seducciones que se habían empleada hasta hoy con el fin de apartarnos del camino del honor, nos manda en nombre de la ley que pisotea, volver caras al enemigo y abandonar en la lucha a nuestros hermanos del interior. (Martínez Sánchez, pág. 640)

Ahí no queda la respuesta por el rompimiento del gobernador con el ejército del gobierno federal, Ignacio Zaragoza le responde mediante un Acta signada el 25 de septiembre de 1859 en la cual desconoce a Vidaurri:

En la ciudad de Monterrey, capital del Estado libre y soberano de Nuevo León y Coahuila, a los veinticinco días del mes de septiembre de 1859: reunidos los que suscriben y considerando que D. Santiago Vidaurri con su decreto de 5 del corriente en que llamó al ejército del Norte, se separó abiertamente de la causa que con tantos sacrificios han sostenido y sostienen los pueblos de la República y muy particularmente los del Estado:

Art. 1º Se desconoce completamente la autoridad de D. Santiago Vidaurri en el Estado de Nuevo León y Coahuila.

Art. 2º Mientras que se nombra constitucionalmente por los pueblos la persona que haya de desempeñar el cargo de gobernador, se reconoce como tal al Sr. General D. José Silvestre Aramberri, de la manera que expresa el decreto citado de 11 del presente mes.

(Martínez Sánchez, 2012, pág. 642)

El ejército del norte que alguna vez al mando de Vidaurri fue glorioso, se dividía por las acciones del mismo gobernador y ante su iracundo desencuentro y distanciamiento con la causa liberal que defendía la constitución de 1857 y sus reformas implementadas por el gobierno juarista.

La ruptura no fue irreparable, el de Lampazos, Nuevo León tendrá una segunda oportunidad en la gubernatura para congraciarse con los que otrora fueran sus amigos, ya en la gubernatura y antes del imperio de Maximiliano de Habsburgo sobrelleva una relación epistolar con Juárez quien reconoce necesitar de los oficios y recursos del nuevoleonés, lo inimaginable (o quizá lo sabía pero no tenía más opción) para el presidente en exilio es que en Vidaurri no había retorno para apoyar a la causa liberal y eso lo demuestra cuando en forma pragmática, sin romper, evade dar apoyo al gobierno federal mientras éste migraba de la Ciudad de México a San Luis ante la inevitable toma del ejército francés de la capital en 1863.

En enero de 1863, Juárez le pide apoye el traslado de artillería de Matamoros hacia el ejército federal, Vidaurri responde su disposición ante las gestiones necesarias, pero alude dos inconvenientes: los obstáculos en Matamoros y que los vehículos para el traslado puede que no soporten el peso de las armas, a lo cual responde en correspondencia del 26 de enero al gobernador:

Ya se ha dicho al Sr. Garza que no ponga ningún obstáculo a la pronta venida de esas piezas y demás pertrechos de guerra, y en cuanto a U. le agradezco los esfuerzos que ha hecho por mandarlos, y las pruebas que está haciendo para ver si los carros que ha embargado no se rompen con el peso enorme de las piezas que había en esa ciudad.

Soy su afmo. amigo y S.S.Q.B.S.M

Benito Juárez

(Roel, 1946, pág. 165)

Es evidente que el mandatario responde con diplomacia ante las respuestas evasivas por parte del gobernador con respecto a la solicitud para enviar artillería y donde a toda solicitud hay una salida lateral o de evasión.

El 2 de febrero el presidente escribe felicitando pues las pruebas realizadas por Vidaurri fueron exitosas y quedaba en espera del armamento que reforzaría sus ejércitos, sin embargo, el 11 de febrero, apenas nueve días después, escribe al presidente informando que resultó reelecto como gobernador luego de ocho años en el cargo y agrega su negativa a mandar las armas por motivos técnicos y de la geografía, incluso alude falta de recursos entre otras excusas que argumenta.

Monterrey, Febrero 11/863

Muy estimado amigo y señor:

Tengo la satisfacción de participar a U. que el día 29 del presente he hecho la protesta para continuar funcionando como Gobernador… Honrado por el voto… me habría retirado de él si la crisis por que atraviesa la República, no exigiera de todo mexicano el sacrificio de su reposo…

Si algo me anima es… tener que ayudar a un ciudadano de las bellas prendas de U. y puede estar seguro de que cuanto valgo y cuanto esté a mi alcance, todo está a sus órdenes para contribuir a que en su Gobierno salga U. airoso y triunfante sobre sus enemigos.

… jamás he estado más afligido ni más molesto que desde que se me encomendó este asunto [la artillería de apoyo a los liberales], porque mis esfuerzos, mi constancia y… mis deseos para ayudar al Gobierno se han estrellado contra dificultades insuperables… 

B. S. M.

S. V.

(Roel, pág. 168)

Incluso en la despedida, refrenda su lealtad y patriotismo, lo cual denota la sagacidad del norestense quien quería estar bien «con Dios y con el diablo» como reza la expresión popular, sin duda, buscaba ganar tiempo ante la inminente derrota del gobierno federal frente a conservadores y franceses, pero dejaba una puerta trasera abierta de escape político al asegurar su lealtad a la causa republicana.

Así seguirá un intercambio epistolar donde se distingue la actitud «ladina» del gobernador y la «desesperación» del presidente asfixiado por las traiciones y los embates de conservadores y franceses.

El 18 de febrero de 1863, Vidaurri vuelve a informar las «desastrosas» acciones en bien de enviar armamento, en su epístola remitida al presidente escribe en uno de los párrafos: “Mi aflicción es suma, y estoy desesperado por la imposibilidad de realizar los deseos del Gobierno [envío de artillería a San Luis Potosí]; pues no se descansó un momento para allanar dificultades en este comprometido negocio…” (Roel, pág. 171).

El 21 de febrero envía otra carta, ahora le dice que Juan Bustamante ha negociado armas en el extranjero y que para tenerlas requiere de un millón de pesos (de esa época) y por ello, le recomienda solicitar el préstamo para adquirirlas. La propuesta es en sí misma resulta una burla ante un presidente y su equipo en pobreza, con hambre y sin posibilidades de recursos, recordemos esa era una de las dos motivaciones para recurrir al gobernador, la otra era protección pues tenía armas y hombres; finalmente era quien recaudaba y poseía el dinero federal de las aduanas, dinero cuyo destino era la república y sólo una parte para Nuevo León.

Juárez responde el 27 de febrero de 1863 con «un grito desesperado», pero cuidando la investidura: “Cuento, como siempre, con su eficaz cooperación en ayuda y sostén del Gobierno, para que podamos, fuertes por la unión, salir con bien de la lucha que sostenemos contra el enemigo extranjero” (Roel, pág. 175). Agrega el texto de la misiva enviada: “agradezco sus afanes por remitir la artillería y demás efectos de guerra… haga U. todos los esfuerzos posibles porque llegue pronto todo ese material de guerra que cada día se necesita más, por precipitarse los sucesos, pues los invasores ya están a ocho leguas de Zaragoza [ciudad de Puebla]” (Idem).

Los fragmentos rescatados demuestran lo dicho, desesperación y diplomacia, rescatemos algunas palabras claves o etiqueta como actualmente se estila: «cuento con, ayuda, sostén, artillería, se necesita más, invasores a ocho leguas». La angustia estaba presente pero no denotan sumisión sino el respeto por su representación a las instituciones de gobierno y al Estado mexicano.

Las excusas del gobernador siguen su curso, el 4 de marzo informa que no puede enviar la artillería porque no cuenta con el material para hacer unas ruedas y colocarlas en unas tablas donde harían una especie de carroza o tarima con la cual transportarían las armas; argumenta: “se tendría necesidad de ejes y ruedas… lo cual es imposible construir… [además] el camino es en extremo escabroso y se tienen que atravesar grandes montañas…” (Roel, pág. 176), pone de pretexto la seca y miseria en los pueblos del noreste por lo cual no hay medios de transporte. Eso sí, concluye la carta afirmando su amor y deseo de servir a la patria. 

En mayo felicita los triunfos del ejército liberal en Puebla y pide ser él quie disponga de los recursos federales [que no entregaba al gobierno federal] para armamento y equipar a un grupo cuya finalidad fuera apoyar al ejército defensor de la patria.

El 27 de mayo de 1863 Juárez autoriza a Vidaurri disponer de los recursos “con el fin de que compre armamento necesario para las fuerzas que va a levantar en el Estado…”, agrega la misma misiva:

Igualmente se previene a U. y yo se lo recomiendo expresivamente que tenga listas todas las piezas de sitio, de batalla y de montaña que tenga en Monterrey, proveyéndolas de los montajes necesarios, y que otro tanto haga inmediatamente con todas las que se le previene mandar traer de las que quedaron en Ciudad Victoria, y en general con las que de Tamaulipas le vayan llegando, haciendo U. cuanto esté de su parte, para que esto sea a la mayor brevedad… 

Q. B. S. M.

Benito Juárez

(Roel, págs. 189,190)

Como los fragmentos previos de cartas entre ambos personajes pudiéramos agregar más, pero sería sólo reafirmar que el pragmático nuevoleonés fue haciendo su juego y el presidente en el exilio debió soportar las respuestas evasivas y hasta negligentes, pero cuando se vio fortalecido, sus palabras fueron menos crédulas y más contundentes como se lee en la misiva previa en cuyo contenido lo conmina a acatar la instrucción.

LA RUTA AL DESENCUENTRO

Juárez vive sus peores años entre 1863 y 1864, es precisamente en ese tiempo cuando se concreta el desencuentro que dura, según los investigadores, 10 minutos, una reunión fugaz entre dos personajes que tenían tanto por decirse y concluyeron confrontados.

Como se ha escrito, la guerra de reforma termina en 1861 y en marzo de 1862 Francia decide no establecer acciones diplomáticas con México; emprende la que será la segunda conquista a territorio mexicano (la primera fue la norteamericana, la española fue a pueblos prehispánicos, no a México).

En marzo arriba el general Carlos Fernando de Latrille (conde Lorencez) a Veracruz, de ahí emprende su incursión y “El 19 de abril de 1862, las tropas francesas se prepararon a avanzar a la Ciudad de México, el 4 de mayo llegaron a Amozoc de la Provincia de Puebla” (Sedena, 2015).

La conquista francesa o intervención como se le conoce en la historiografía nacional se da en la primavera de 1862, a partir de ese momento el presidente Juárez vive la persecución de los conservadores y el ejército francés, lo que le lleva a peregrinar por diversas regiones del país luego de abandonar la capital.

Los franceses y el ejército monarquista o conservador establecerán combate y es en mayo de 1864 cuando arriba Maximiliano de Habsburgo en su carácter del emperador Maximiliano I de México, invitado por los monarquistas mexicanos y apoyado por el emperador Napoleón III (Ratz, 2013).

Para 1863 Juárez vivía la peor crisis, traiciones, pobreza, soledad, hambre. Se ubica en San Luis Potosí a partir del 9 de junio de 1863 y ahí se mantendrá durante siete meses hasta que se ve obligado a partir hacia el norte ante el acoso militar opositor. La ruta será a Saltillo desde donde pretendía fortalecerse con el apoyo de Vidaurri, sin embargo, será este periodo de 1863 el de mayores penurias pues el gobernador nuevoleonés le tratará con frivolidad y hasta indiferencia.

Los sucesos que desembocan en el desencuentro se desarrollan en forma muy rápida. Arriba el 9 de enero de 1864 a Saltillo donde es recibido con respeto y protección. Su intención es avanzar hasta Monterrey, lugar considerado por el presidente como seguro pues Vidaurri mantenía la regencia militar, económica y política de la ciudad y la región, incluso viajó contra la recomendación de su yerno quien desconfiaba de Vidaurri, tal como se reconoce en la correspondencia entre ambos.

Tal como señala Walter V. Scholes, ni aún camino a Saltillo a donde arriba con sus partidarios tuvo un respiro, había descorazonamiento y algunos como Jesús González Ortega y Manuel Doblado proponen capitular y sumarse al próximo gobierno del emperador con la ilusión de que respetara las leyes liberales motivo de tanta desesperanza. Ese mismo 9 de enero recibe correspondencia de los disidentes, cuasidesertores o equiparables a traidores, al respecto escribe Tamayo (1984, pág. 347) que:

“Aún no acaba de sacudirse el polvo del camino, cuando se le presenta a Juárez una comisión de representantes de los generales Jesús González Ortega, Manuel Doblado y José Ma. Chávez, gobernadores de Zacatecas, Guanajuato y Aguascalientes, respectivamente para pedirle su renuncia considerando que, de retirarse él del mando, será posible llegar a un arreglo con el invasor”.

Juárez no dudó en responder a los traidores generales quienes en el momento más crítico que enfrentaba, le dan la espalda y debilitan tanto en lo moral como en lo militar. El presidente en exilio se encuentra frente a los límites de su trayecto, sabe que en Nuevo León el gobernador cuenta con capacidad de brindarle apoyo económico, militar y humano, pero también reconoce la indiferencia de éste por apoyarlo como quedó evidenciado en la correspondencia que sostuvieron durante 1863 en donde Juárez pedía refuerzos y Vidaurri con respuestas pueriles le negó la ayuda, de la cual reproducimos algunos fragmentos previamente.

Es indudable que los acontecimientos del mismo día en que arriba a Saltillo detonan la premura por tener un encuentro con Santiago Vidaurri en la ciudad de Monterrey, entrevista que era previsorio sería tensa y ríspida pues Vidaurri había dejado en claro su postura sobre los apoyos solicitados por el gobierno federal itinerante, ello cuando se entrevista el ministro de hacienda, José María Iglesias con él para exigir los recaudos de las aduanas y “otros impuestos que habían venido siendo cobrados por el gobierno del Estado, no obstante que no le pertenecían” (Roel, 1946, pág. 251).

El mismo Roel agrega que la negativa de Vidaurri a otorgar los recursos federales recaudados fue contundente y recriminó al gobierno federal por la actitud de pedir recursos, ya “apuntaba desde ese día el desconocimiento de Juárez” y agrega Vidaurri, citado por Roel: “No me es posible consentir en que los recursos que salen de su seno (el Estado) se inviertan en otra cosa que en conservar los inapreciables bienes de la paz y el orden…” (Idem).

Agrega Vidaurri en la cita que hace de él Santiago Roel: 

“¿Qué será de nosotros en poco tiempo? Los partidos, que no han hecho otra cosa que arruinar este pobre país, y la nación toda, sus hijos buenos y malos, vamos a vernos sojuzgados y desarmados… mi objeto es el bien de la Patria; nada de suscitar o recrudecer odios;… somos una familia y nuestro deber en las actuales circunstancias es remediar los males y no exacerbarlos”.

Diversos aspectos en la personalidad del gobernador afloran en la cita previa, primero, le es indiferente la ideología política, critica por igual a liberales que conservadores, lo que ratifica la propuesta en cuanto a que por sobre traidor a la patria fue un pragmático que se integraba a los grupos a partir de su perspectiva regional, su beneficio y el de su gobierno; no porque creyera en una u otra ideología política, fuese monarquía o democracia, pues él en sí mismo, era un gobernante bajo sus propias reglas. También evidencia su desagrado a Juárez, al momento en el cual el ministro Iglesias le responde que las palabras dejaban entrever que era su deseo que se concretara la separación de Juárez en la presidencia, pero que el gobierno federal no pedía nada cuánto no fuera suyo.

También deja ver su malestar por las condiciones en donde probablemente él perdiera autoridad pues le preocupa ser desarmado. Finalmente, Vidaurri ordena no entregar un solo peso al gobierno federal. Es innegable que el gobernador trabajaba para el proyecto de sí mismo, no le importaba el bien de la nación, en su caso, esperaba la oportunidad de asumir alguna forma de liderazgo nacional, pero lo contundente es que para esa entrevista ya había roto con Juárez y el gobierno federal y sólo faltaba formalizar el rompimiento, basta leer su última expresión registrada por Roel en la conversación con Iglesias: “Si ustedes dan un paso, yo daré dos; si se afectan porque califico de vandalismo, actos que lo son a toda luz, yo he de combatir ese mal y sostener las providencias que dicte en ese sentido” (Roel, 1946, pág. 252).

La decisión estaba tomada, Vidaurri vio derrota en el gobierno federal y con su pragmatismo político tradicional, tomó distancia con el presidente y todo lo que le representara, por el contrario, vio la posibilidad de mantener sus jugosas ganancias en el comercio creciente que realizaba con los confederados al mercar algodón, armas y otros productos en la frontera de Tamaulipas y Coahuila con Texas, pues recordemos que para ese momento, Nuevo León no tenía vecindad fronteriza con el estado de la estrella solitaria.

A pesar de la franca ruptura, Juárez concreta el 12 de febrero la entrevista del desencuentro con Vidaurri, todas las crónicas de esa entrevista describen de una u otra forma, lo tenso y distante que pudieron ser esos 10 minutos de los cuales se habla en la conversación de cuyo sitio sale el presidente para ser perseguido por el hijo del gobernador de quien logra escapar a su fuego y retornar a Saltillo para emprender la toma de Monterrey y reprimir al alzado gobernador. Roel (pág. XV) refiere la reunión como imposible a lo cual “Juárez resolvió regresar a Saltillo, pues le era imposible aceptar las absurdas condiciones que le imponía Vidaurri”.

Sobre la misma Ralph Roeder (1958, pág. 232) describe parte del momento, Manuel Doblado, quien había aceptado en Saltillo la permanencia de Juárez en la primera magistratura, le acompaña con mil 500 soldados, ello provocó mayor desconfianza en el gobernador quien confiscó varias piezas de artillería “y se encerró en la ciudadela”, “el presidente se encontró en un ambiente hostil”. Guillermo Prieto citado por Roeder describe: “El Presidente pidió las armas [las confiscadas] y exigió el reconocimiento al gobierno. Vidaurri, con acompañamiento tumultuoso, fue al lugar en el que el señor Juárez estaba. La entrevista fue fría… Un hijo de Vidaurri, sacando su pistola rompió toda contestación y declaró el motín…”

Juárez retorna a Saltillo y en tanto, “Vidaurri expidió una circular, desconociendo al gobierno so pretexto de que no había logrado defender el país contra el enemigo extranjero” (Idem). De nuevo el pragmatismo regional del gobernador, encuentra la excusa, incluso la misma que días atrás señaló a Iglesias, quedaba así liberado de cualquier compromiso con el maltrecho gobierno de Juárez al cual seguramente no le auguraba futuro, y como siempre apostó al ganador, de nuevo creyó acertar, nunca imaginó el futuro próximo apenas transcurridos tres años después.

Incluso hace pública la carta enviada a él por Bazaine (el representante de Francia y del futuro emperador en México), en ella le invita para sumarse a la intervención, esto fue el 15 de febrero de 1864, apenas tres días posteriores al desencuentro entre Juárez y él, es muy probable que ya tuviera en su poder la carta y eso le dio mayor valor para despreciar al gobierno liberal constitucional. Con gran astucia y “mano maestra” como describe Roeder, Bazaine “propuso que se sometiera la decisión a un plebiscito popular”, Juárez, ante la “perversión del proceso democrático contestó destituyendo al rebelde y regresándolo en fuerza a su capital [Monterrey]” (Roeder, pág. 233). Al día siguiente el mandatario federal emite un bando en el cual disuelve el estado Nuevo León-Coahuila.

Vidaurri no pudo contener al ejército liberal quien toma la ciudad de Monterrey, misma que será sede del poder federal durante el tiempo en el cual permanece el presidente en esta capital nuevoleonesa. El 29 de marzo de 1864 abandona Santiago Vidaurri la sultana del norte con rumbo a Piedras Negras, Coahuila; desde ahí cruza la frontera hacia Texas. Nada le duró el gusto por haber desconocido al gobierno legítimo, ahora sí el rompimiento no tendría otra oportunidad.

El gobierno federal encabezado por el mandatario y su cuerpo de oficiales arriban a Monterrey e instala el poder de la república el 2 de abril de 1864. Desde la ciudad regia se trasladará a Chihuahua, Chihuahua a donde arriba el 12 de octubre del mismo año, mientras su familia se asila en EUA.

Pronto el gobierno federal se vería cercado por las fuerzas conservadoras, por lo que, al no poder regresar a Saltillo, escapa a Monclova y de ahí hacia Chihuahua dejando la ciudad de Monterrey en manos de los ejércitos invasores quienes asumen el control el 26 de agosto de 1864. Sin embargo, el cacique insistía en mantenerse en la neutralidad que pronto debió abandonar, su “tenaz obsesión de seguir siendo árbitro de los destinos de la frontera [y los recursos que dejaban las aduanas], lo impulsaba a no reconocer aún al Imperio” Roel (XVII).

Los acontecimientos no permitirán un segundo desencuentro, o encuentro entre los dos caudillos, ambos grandes estrategas y estadistas, uno de talla nacional y el otro de alcances regionales, pero con reconocimiento y temor en las esferas nacionales.

Sin duda otra historia se habría escrito si Vidaurri en su pragmatismo no equivoca la decisión por creer agotado el gobierno liberal juarista, quizá su arrogancia y empoderamiento le impidieron dimensionar los alcances políticos, la resistencia y el amor por la patria en la persona del oaxaqueño patriota.

Sobre el epíteto de traidor, es necesario aclarar que se traiciona sólo aquello en cuyas ideas se cree, aquellos a quienes se respeta y admira, en el caso de Vidaurri, nunca fue un liberal, él peleaba por su terruño y se movía cual tablero de ajedrez haciendo sus jugadas para mantenerse en el lado del equipo ganador, sin embargo, su olfato político le falló, aunque ahí no terminaría su historia en este pasaje de la historia nacional.

Vidaurri en compañía de Julián Quiroga, en ese momento autoimpuesto gobernador de Nuevo León, estando en Salinas Victoria se entrevistan con el emisario del emperador, sin mucho quebranto “ambos reconocieron a Maximiliano como legítimo soberano de México y se comprometieron por su honor a serle fieles” (Idem).

Marcharon los nuevoleoneses a Guanajuato donde se entrevistaron con Maximiliano el 26 de septiembre de 1864 “quien los recibió afectuosamente y los agregó a su séquito” (Idem). Regresaría nuevamente a Monterrey, pero cargado de poder emanado por el emperador, como si el pasado desencuentro fuera simplemente un mal rato, nunca imaginó que ese fantasma resurgiría. Por el momento disfrutaba su empoderamiento y arribaría a Monterrey el 8 de febrero de 1865 ya investido con el cargo de consejero de Estado de Maximiliano I, emperador impuesto de México; para abril de ese año ya es formalmente parte del gabinete imperial.

La ambición que le guio a muchos triunfos le termina llevando a su tumba, en funciones de ministro de guerra y hacienda, a la caída del emperador Maximiliano I, se refugia en la ciudad de México donde es descubierto al intentar su huida, de nuevo el pragmático que apuesta a escapar de los malos momentos en espera de mejores vísperas. Sin embargo, ante su negativa de acogerse al indulto decretado, es aprehendido por Porfirio Díaz quien le aplicó la ley “a secas” y lo fusila el 8 de julio de 1867, apenas unas semanas después del fusilamiento a su emperador.

Si Díaz lo fusiló en cumplimiento de un mandato o porque ya su ambición le hacía llamados y el nuevoleonés representaba un real peligro, eso no lo sabemos, pero que ante la indolencia y los sufrimientos que infligió al gobierno federal en exilio, de eso no hay duda que merecía un castigo. Su arrogancia le cegó en la entrevista más importante de su vida, fueron los 10 minutos que cambiaron su destino y el destino de México; quizá y aunque esto sea especular, quizá si hubiera sido más humilde y tratara con el decoro que la investidura marcaba a Juárez, dedicando no 10 minutos, sino horas o quizá días a conocerse mejor ambos, entonces la historia sin duda se habría escrito diferente.

¿Vidaurri liberal o conservador? No, ninguna de ambas, fue un pragmático desideologizado, no un traidor per se, sino un hombre de ambiciones y decisiones útiles. Recordemos que la ideología llega a México en los partidos políticos establecidos en las logias masónicas, la del rito nacional mexicano con los liberales, en contraparte la del rito escocés y luego de 1863, rito escocés de antiguos y aceptados masones con el partido conservador (Trueba Lara, 2014). A esas fechas en Nuevo León no había arribado la masonería por lo que la ideología como tal era sólo un tema de poca relevancia frente al pragmatismo y los apremios de una sociedad comerciante y en creciente economía.

REFERENCIAS

Martínez Sánchez, L. (2012). El Ejército del Norte Coahuila durante la Guerra de Reforma 1858-1860 (primera ed.). Saltillo, Coahuila, México: Gob. Edo. Coahuila de Zaragoza.

Ratz, K. (2013). El ocaso del imperio de Maximiliano visto por un diplomático prusiano… Los informes de Anton von Magnus a Otto von Bismarck 1866-1867 (primera reimpresión a primera edición de 2011 ed.). (R. Konrad, Ed., & W. Ratz, Trad.) México, DF, México: XXI Siglo veintiuno.

Roeder, R. (1958). Juárez y su México (segunda ed., Vol. Tomo II). México, México: Talleres de impresión de estampillas y valores.

Roel, S. (1946). Correspondencia particular de D. Santiago Vidaurri, Gobernador de Nuevo León (1855-1864) (primera ed., Vols. Tomo Primero Juárez-Vidaurri). Monterrey, Nuevo León, México: Univ. de Nuevo León.

Scholes, W. (1972). Política mexicana durante el régimen de Juárez 1855-1872 (primera en español ed.). (R. N. Capistrán, Ed., & R. Quijano, Trad.) México, México: FCE.

Sedena. (16 de julio de 2015). Sedena. Recuperado el 28 de febrero de 2023, de https://www.gob.mx/sedena: https://www.gob.mx/sedena/documentos/la-intervencion-francesa

Tamayo, J. (1984). Epistolario de Benito Juárez (reimpresión corregida de la segunda edición de 1972 ed.). La Habana, Cuba: De Ciencias Sociales.

Tamez Rodríguez, Ó. (08 de mayo de 2022). https://historiadores.org. Recuperado el 02 de marzo de 2023, de México después de Juárez: https://historiadores.org/mexico-despues-de-juarez/

Trueba Lara, J. L. (2014). Masónes en México, historia del poder oculto (primera, noviembre 2012, tercera reimpresión, abril 2014 ed.). México, DF, México: punto de lectura.

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