Historias

La guerra cristera (parte I)

A finales de 1926 estalló la guerra armada entre el gobierno y un sector de la cúpula en la iglesia católica. La guerra tenía al menos doce años de ir en creciente, primero la soterrada, luego la mediática y la política, finalmente la intolerancia ganó y las armas afloraron, los perdedores fueron cerca de 250,000 mexicanos muertos.

Una herida que no acaba por cerrar y para los actores intelectuales terminó en una derrota que prefieren callar, hacer como que no sucedió. Así tenemos a la cúpula de la iglesia por un lado y al gobierno federal por el otro, queriendo esconder el suceso como la vergüenza que es.

El comienzo de las confrontaciones se remonta a 1857 cuando en la Constitución se aprueba la libertad de culto en el país, deja de ser el catolicismo la religión oficial y única. Esto molestó a las cúpulas de la iglesia porque se abría la competencia.

Siguieron las diferencias en las leyes de reforma en donde el propósito de las mismas fue acotar el poder político, económico y social que tenía la iglesia en el país. Por ejemplo, nacer, casarse o morir requería del apoyo de la iglesia, además del control económico mediante los grandes latifundios en su poder, sin olvidar la influencia social derivada de la fe en los mexicanos.

Las leyes se aplicaron, pero vino una etapa de paz a modo en el porfiriato, la razón es que el dictador se manejó con brazo derecho firme para aplicar la ley, pero mano izquierda suave y conciliadora para ser lo suficientemente omiso en las violaciones por parte de la iglesia.

La paz basada en la gobernanza continuó con Francisco I. Madero, tanto que se funda un partido político, el Católico Nacional desde donde la iglesia apoya la campaña electoral de Madero en 1911, todo seguía en armonía. Viene el golpe de Estado de Victoriano Huerta y con ello la iglesia negocia acuerdos con el usurpador.

Es el triunfo del constitucionalismo en 1914 cuando se revive la disputa frontal y ríspida entre políticos e iglesia. Junto a Venustiano Carranza el grupo Sonora se posesiona del poder político en el país, con los años se deshacen de los revolucionarios rivales (Villa, Zapata, Ángeles y otros); el grupo Sonora ahora es el poder tras el trono, Carranza gobernaba desde la presidencia, pero los sonorenses cada día afianzan más su poder.

La Constitución de 1917 es el momento de quiebre, los artículos 3°, 24°, 27° y 130° son extremistas anticlericales, pero no es Carranza quien logra la Constitución a modo, son Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Luis N. Morones y Francisco José Múgica quienes imponen su pensamiento jacobino y bolchevique en el texto constitucional.

Pasarán nueve años desde la promulgación de la Carta Magna para que brote la violencia en forma de guerra, un cultivo que se incubó en 1914, comenzó su desarrollo en 1917 y terminó por estallar en 1926. Sobre los culpables: Son evidentes los sonorenses y un sector de la cúpula de la iglesia.

Una guerra donde no hubo triunfadores, no ganó alguno de los bandos. ¿Quién perdió? El pueblo, ellos pusieron los 250,000 muertos.

¿Cómo terminó todo? Con un arreglo extrajurídico, ni siquiera fue un acuerdo, un simple arreglo en lo oscurito.

¡Menos mal eso ya no sucede en la política mexicana!

El presente escrito es el No. 1 de la columna “La Historia a debate” publicada semanalmente en el portal La Historia a debate La guerra cristera (parte I) – Pan y Circo

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