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Las independencias en la independencia de 1810

El génesis de la patria mexicana no se da de un día para otro, es un proceso largo y desgastante que dura catorce años, sí, de 1810 a 1824 y no hasta 1821 como algunos historiadores pretenden hacer creer.

Como toda conspiración, en la que participaron Josefa Ortiz de Domínguez, Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan e Ignacio Aldama y otros más, era secreta, sus intereses eran contrarios al gobierno y a los grupos de poder quienes se afectaban en su establishment si entraba en acción lo que se planteaba por los conspiradores.

Algo que poco se dice pero que está en sus entrañas es que los conspiradores no eran uniformes en sus conceptos, es decir, sus formaciones personales y profesionales les hacían ver un movimiento con diferentes matices. Los unía el fin mayor de quitar el control del poder político a los peninsulares, más allá de la forma de gobierno por instituir, ya fuese una nación autónoma o independiente.

En la medida que avanzó el movimiento y los resultados no eran lo esperado para todos, las diferencias sobresalieron y destacaron por sobre las coincidencias. Juan Villoro en su libro “El proceso ideológico de la revolución de Independencia” destaca cómo aquello que unía a los cabecillas insurgentes se fue minando como consecuencia de no ver los resultados esperados en forma inmediata y frente a la falta de objetivos claros, sin una planeación y estrategia bien construidas.

La ruptura interna fue inminente en un grupo ideológicamente plural. El movimiento se convirtió en pocas semanas en una multiplicidad de movimientos, incluyendo a la masa quien cobraba su propia visión de lo que pretendían como concepto de independencia.

La falta de organización, la improvisación al iniciar el movimiento el amanecer del 16 de septiembre tuvo muy pronto sus consecuencias, la revolución era eso, un movimiento revolucionario desordenado, sin control y con el creciente empoderamiento de caudillos surgidos al calor de la efervescencia armada.

Hidalgo, el líder social y carismático se confronta con el militar Allende, las visiones de liderazgo hacen que el militar destituya al religioso del mando. Esta victoria Pírrica duró muy poco, Allende demostró no tener el liderazgo al salir de Saltillo rumbo a la frontera con EUA por la ruta de Acatita de Baján.

El militar de formación debió saber que confiar en un desconocido no es recomendable y no formar una avanzada propia que le informara sobre el camino a seguir son dos errores vitales que causaron la aprehensión y posterior muerte de los insurgentes. ¿De qué sirvieron las disputas internas?

La independencia no era una, eran múltiples independencias. La del cacique mestizo, la del indio, la del criollo. La de Julián Villagrán quien se autoproclama emperador de la Huasteca; la de Albino García quien observa su propia insurgencia y confronta a los insurgentes del movimiento nacido en Dolores, Guanajuato; la de José Antonio Arroyo quien se hace llamar «Padre» por sus tropas.

Fueron las independencias y no la independencia el movimiento libertario, esto debe entenderse para comprender lo difícil que representaba unificar ideológicamente a los alzados en un mismo movimiento.

La revolución de independencia fue una que inició con hondas, flechas y lanzas por los grupos de indios, mestizos, negros y otras castas quienes entendieron su libertad como “la libertad” y por consiguiente era imposible la unicidad de pensamientos con los líderes militares del movimiento formal.

En palabras de Villoro, desde antes del grito de Dolores, entre los conspiradores existieron dos visiones de la independencia distintas: la de Hidalgo cercana a la visión del pueblo en donde independencia y libertad significan eso, ser libre y la de Allende y Aldama en donde se pensaba en una transición pacífica que no afectara las condiciones de vida de la clase media formada por los criollos quienes, sin tener todo el poder, gozaban de amplios privilegios.

Juzgar a Hidalgo como se hace por algunos historiadores y no historiadores es reducir a un simplismo histórico los momentos. Su liderazgo se basaba en ideología político-social adquirida por los clásicos como Voltaire y Rousseau, mientras el liderazgo de Allende y otros militares partía de su formación en el militarismo realista donde pretendían mejores espacios profesionales sin perder los ya conquistados.

Sobre su paternidad histórica: de esto no hay duda, superando las diferentes visiones, los unía el interés por una nación autónoma, libre, con diferentes condiciones sociales, laborales y económicas para la población… eso es lo que debemos celebrar: celebrar a Hidalgo, Allende, Aldama, Jiménez, Manuel de Santamaría, Juan Ignación Ramón y luego en la segunda etapa a Morelos, Matamoros, Galeana, Guerrero y muchos otros insurgentes más.

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